
Un año después de ‘Crepúsculo’, nos ha llegado ya la segunda parte de la saga, ‘Luna nueva’. Cuando se estrenó la primera, muchos nos sorprendimos de que un producto realizado de forma tan mediocre arrasara en taquilla, provocando el entusiasmo de una gran legión de fans, originada a partir de la exitosa serie de novelas escritas por Stephenie Meyer (algo así como Dan Brown para las adolescentes). La película que adaptó el primer libro fue dirigida por Catherine Hardwicke y logró 70 millones de dólares en su primer fin de semana en Estados Unidos; en apenas dos días ya había recaudado el doble de lo que había costado hacerla. La continuación estaba en camino, y la tercera se empezaría a rodar antes de que la segunda llegara a los cines. Operación relámpago.
Desde el éxito de ‘Crepúsculo’, sus protagonistas han estado en todas partes, en las portadas de las revistas más populares, los programas de televisión más vistos, e incluso se les ha promocionado en los telediarios. Todos los medios querían empaparse del fenómeno (incluso nosotros, para qué negarlo). Todos esperábamos que ‘Luna nueva’ repitiera las cifras de su predecesora, pero de nuevo se superaron las expectativas. La segunda parte ha amasado en pocos días 275 millones de dólares en todo el mundo; costó 50. Un éxito económico verdaderamente impresionante. Pero es lo único positivo de lo que pueden hablar sus responsables. Han conseguido que se hable tanto de su película que se están haciendo de oro, pero, ¿qué han ofrecido, que tapa el envoltorio que ha arrasado en taquilla? En pocas palabras, un producto aún peor que el anterior, una película lamentable.
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